Durante un conversatorio impulsado por Landicorp y la Fundación Hugo Landívar Cuéllar, Dra. Ana Soliz de Stange, investigadora boliviana de la Universidad de las Fuerzas Armadas de Alemania y especialista internacional en relaciones triangulares y geopolítica de potencias, realizó el planteamiento.
En un contexto internacional marcado por la creciente competencia entre China y Estados Unidos, Bolivia se encuentra ante un escenario desafiante, pero también lleno de oportunidades estratégicas para el desarrollo de nuevos negocios y sectores productivos.
Durante un conversatorio impulsado por Landicorp y la Fundación Hugo Landívar Cuéllar, Dra. Ana Soliz de Stange, investigadora boliviana de la Universidad de las Fuerzas Armadas de Alemania y especialista internacional en relaciones triangulares y geopolítica de potencias, indicó que el país debe dejar de enfocarse únicamente en sus recursos tradicionales y apostar por la especialización productiva, identificando nichos únicos en el mercado global.
Uno de los principales mensajes fue claro: no se trata de ser una gran economía, sino de desarrollar capacidades diferenciadas. Ejemplos como el modelo alemán demuestran que pequeñas y medianas empresas pueden liderar industrias globales si logran especializarse en productos altamente técnicos o únicos.

Además, el nuevo orden geopolítico abre puertas para países como Bolivia. China, por ejemplo, mantiene un fuerte interés en América Latina no solo por su capacidad de consumo, sino por su potencial productivo y de innovación, especialmente en sectores estratégicos como alimentos, energía y tecnología.
En ese sentido, la agroindustria —con productos como la soya— sigue siendo un pilar clave, pero también se identifican oportunidades en sectores emergentes como el tecnológico, industrial y turístico, que podrían diversificar la economía nacional.
Otro aspecto clave es la necesidad de fortalecer la institucionalidad y generar políticas claras que permitan atraer inversión extranjera. Según los especialistas, países pequeños pueden convertirse en destinos atractivos si logran ofrecer estabilidad, claridad normativa y propuestas concretas de valor.
Finalmente, destacó que Bolivia debe adoptar una visión pragmática en su política comercial, evitando alineamientos rígidos y apostando por relaciones estratégicas con múltiples actores globales. Este enfoque permitiría negociar mejores condiciones y aprovechar las tensiones internacionales como una oportunidad para posicionarse en nuevos mercados.
En un mundo en transformación, la clave estará en la capacidad del país para identificar tendencias, innovar y generar valor agregado, convirtiendo los desafíos globales en motores de crecimiento económico.
Fuente: El Deber
