Las condiciones ambientales y una nutrición equilibrada son fundamentales para reducir los abortos y las pérdidas de producción.
La floración de la soja es una de las etapas más estratégicas del ciclo del cultivo, ya que este período define gran parte de los componentes que determinan la productividad del cultivo. Es una fase muy sensible a la interacción entre factores fisiológicos, ambientales y de manejo, que pueden favorecer o limitar la floración y la formación de vainas, impactando directamente en el rendimiento final.
Entre los principales factores que influyen en la floración se encuentran el fotoperiodo, la temperatura, la disponibilidad hídrica y la nutrición vegetal. El fotoperiodo y la temperatura actúan conjuntamente en el desarrollo de la soja, y cada cultivar tiene requerimientos específicos de aporte térmico para completar su ciclo. El déficit hídrico compromete la división celular y la elongación, reduce el área foliar y el tamaño de la planta, y limita la formación de nudos, lo que resulta en menos flores, vainas y granos.
Una nutrición equilibrada también es crucial en esta etapa. Si bien todos los macro y micronutrientes son importantes, algunos desempeñan un papel aún más significativo durante la floración de la soja, como el fósforo, el potasio, el calcio, el boro, el magnesio, el cobalto y el molibdeno. Estos nutrientes están directamente relacionados con la formación de flores, la polinización, el transporte de carbohidratos, la nodulación y el llenado de los granos. Las deficiencias nutricionales, especialmente de calcio y boro, pueden provocar la interrupción de la floración y reducir el número de vainas formadas.
Según el especialista Roni Guareschi, representante de ventas de Conceito Agrícola, además de los factores abióticos, el manejo adoptado por el productor influye decisivamente en la floración. «Los análisis de suelo y foliares nos permiten identificar y corregir desequilibrios nutricionales que comprometen el desarrollo de las plantas y aumentan el riesgo de aborto floral. La elección de semillas de alta calidad, cultivares adaptados a la región, el respeto de la ventana de siembra y un manejo eficiente de plagas y enfermedades son fundamentales para garantizar una floración uniforme dentro del potencial de cada variedad», afirma.
Con la llegada del verano y el avance del cultivo hacia la fase reproductiva, es necesario redoblar la atención al manejo. La calidad de la semilla utilizada en la siembra influye considerablemente en el rendimiento de la planta a lo largo del ciclo. Las semillas con alto vigor, buena germinación y sanidad favorecen un establecimiento más rápido y uniforme, con un sistema radicular más desarrollado y una mayor eficiencia en la absorción de agua y nutrientes, lo que se refleja en un mayor número de flores, vainas y granos.
Con el cultivo en plena fase reproductiva y bajo las condiciones típicas de principios de verano, el monitoreo constante de la nodulación, el seguimiento continuo de plagas y enfermedades y la adopción de estrategias que estimulen el máximo potencial fisiológico de la planta son medidas esenciales para reducir los impactos del estres abiótico y preservar el desempeño del cultivo.
Fuente: Revista Cultivar
