El Índice de Actividad de la Cadena Agropecuaria volvió a marcar un máximo histórico impulsado por una campaña fina excepcional. Sin embargo, la agroindustria, la molienda y la faena bovina muestran señales de desacople. El economista Eduardo Robinson analizó el escenario y planteó los desafíos hacia adelante.
La actividad agropecuaria argentina atraviesa un momento de fuerte dinamismo en su eslabón primario, con cifras que marcan máximos históricos. El Índice de Actividad de la Cadena Agropecuaria (IACA-BCR), elaborado por la Bolsa de Comercio de Rosario, volvió a ubicarse en niveles récord, impulsado por una campaña fina que sorprendió por volumen y rindes, junto con un avance prácticamente total en la siembra de gruesa. Sin embargo, el panorama no es homogéneo: mientras el campo celebra, la industria muestra señales de menor tracción.
“Estamos viendo precisamente este comienzo de la campaña 25/26 con una campaña fina muy importante; en algunos casos como el de girasol prácticamente mostrando récord, lo mejor del siglo, dicen algunos”, explicó el economista Eduardo Robinson al analizar los datos. Según detalló, el desempeño en trigo, cebada y girasol no solo fue sólido, sino que en algunos casos alcanzó niveles históricos.
El subíndice de cultivos del IACA mostró un crecimiento cercano al 19% interanual, un dato que da cuenta de la magnitud del salto productivo. “Ese número está marcando una tendencia muy positiva con una campaña que ha sido realmente espectacular. No se veía algo así desde hace mucho tiempo; estos récords en girasol y cebada están motorizados por razones climáticas, sobre todo”, señaló Robinson.
El girasol es uno de los casos más emblemáticos. Con una producción que ronda los 6 millones de toneladas y un crecimiento interanual del 128%, el cultivo se convirtió en uno de los motores de la actual expansión. “Realmente hace que uno se refriegue los ojos”, graficó el economista, destacando el impacto que esto tiene en el ingreso de divisas.
En ese sentido, Robinson vinculó directamente la cosecha récord con la estabilidad cambiaria observada en el verano. “Hemos tenido un enero donde el dólar lo hemos visto hacia la baja y gran parte de eso tiene que ver con la importante cosecha fina que se está registrando, lo cual es tranquilizador para el dólar”, explicó, aunque advirtió que persisten interrogantes sobre la política cambiaria de los próximos meses.
Sin embargo, no todos los eslabones de la cadena avanzan con la misma intensidad. En la agroindustria aparecen signos de desacople. La molienda de soja, por ejemplo, mostró retrocesos, pese a que la demanda internacional se mantiene firme. Para Robinson, el fenómeno responde a cambios en los flujos comerciales globales.
“En lo que tiene que ver con la soja, hay una demanda muy activa de China, y eso tiene como telón de fondo la guerra comercial y arancelaria entre China y Estados Unidos”, explicó. En ese marco, Argentina y Sudamérica se consolidaron como proveedores estratégicos de poroto de soja. “La demanda está mucho más tonificada y Sudamérica es hoy por hoy la estrella”, resumió.
Paradójicamente, ese mayor dinamismo en la exportación de poroto impacta en la industria aceitera local. “Eso explica que haya un exceso de capacidad en la molienda, algunos calculan el 30%, porque el destino ha sido comercializar sobre todo poroto de soja a China”, indicó Robinson. Es decir, el grano sale sin industrializar en mayor proporción, reduciendo la actividad en plantas procesadoras.
En paralelo, el sector cárnico atraviesa una coyuntura más compleja. La faena bovina acumula seis meses consecutivos de caída, en un contexto de menor oferta y precios en alza. “Claramente ahora estamos mirando un mercado cárnico muy debilitado. Las perspectivas lamentablemente no son demasiado alentadoras en el sector”, afirmó.
El origen del problema es claro. “Lo más importante es la sequía del año 23, que lleva tiempo para la recomposición de todo el rodeo”, explicó. A eso se sumaron luego inundaciones y un incremento de costos, tanto en transporte como en alimentación animal.
La combinación de menor oferta y demanda sostenida empujó los precios. “El novillo está un 83% más caro en términos interanuales”, precisó Robinson. Ese aumento, muy por encima de la inflación, impacta tanto en el mercado interno como en las exportaciones. “La suba del novillo del 83%, muy por encima de la inflación, afecta la competitividad de las exportaciones por los valores más altos y repercute muchísimo en el mercado interno”, sostuvo.
Aun así, el economista aclaró que parte de la caída en la faena también responde a decisiones estratégicas. “Hay retención de vientres, ahí entraría lo estratégico. Una vez que empiece a recomponerse el rodeo, entiendo que la situación mejorará”, indicó, aunque advirtió que todavía persisten las consecuencias climáticas de los últimos años.
En materia de comercio exterior, los números muestran una leve baja reciente tras meses de fuerte expansión. “Argentina tiene superávit comercial todavía. Me parece que se debe a una cuestión puntual, una ‘pausa’, pero cuando miras la tendencia, la demanda externa sigue muy tonificada”, evaluó Robinson. En su visión, no se trata de una señal de alarma sino de un ajuste transitorio.
De cara a los próximos meses, la expectativa está puesta en la cosecha gruesa, que también se perfila como importante. “Vamos a tener una cosecha gruesa muy importante porque el clima ha acompañado y el precio de la soja está tonificado por la demanda china”, anticipó.
El balance del primer bimestre de 2026 muestra así dos velocidades. “Hemos visto una cara positiva con la producción récord de la cosecha fina, pero la industria no va a esa misma velocidad. La agroindustria todavía no va al mismo ritmo que la producción y hay signos de pregunta sobre si podrá ponerse a la par”, resumió.
A esto se suman interrogantes macroeconómicos. Robinson recordó que desde hace meses se debate si el tipo de cambio está atrasado. “Para el sector agroindustrial el tipo de cambio es importante. La economía está en una situación de cierta estabilidad porque el sector agrícola ha sido el motor del crecimiento del estimador mensual de la actividad económica, pero cuando miramos la industria manufacturera y otros sectores todavía vemos bastante debilidad”, explicó.
En el plano regional, la situación no es uniforme. En el caso de Tucumán, la incidencia en los grandes cultivos extensivos es limitada. “Tucumán es solo el 1,8% de la producción de soja en Argentina. En las cosechas finas participa de manera muy marginal”, detalló. El fuerte provincial está en el complejo sucroalcoholero y en los biocombustibles, sectores que atraviesan sus propios desafíos.
“Lamentablemente, Tucumán está un poquito al margen de estas cuestiones benignas que conversamos. Tenemos mucho potencial, pero Tucumán tiene que empezar a diversificar más su producción y poner más valor agregado en origen e innovación agroindustrial”, planteó. Además, destacó que existe “un potencial en materia cárnica que no estamos mirando en su verdadera dimensión”.
Con récords productivos en el campo, pero tensiones en la industria y la ganadería, el agro argentino transita un momento de contrastes. El desafío, según Robinson, será lograr que el envión de la producción primaria se traduzca en mayor dinamismo industrial y estabilidad sostenida, en un contexto donde el clima y la macroeconomía siguen siendo variables decisivas.
Fuente: Suena a Campo
