Los pronósticos para 2026 elevan el riesgo de un nuevo episodio de El Niño y obligan a los productores a optimizar el uso del agua para reducir pérdidas y sostener los rendimientos.
La posibilidad de que El Niño vuelva a intensificarse durante 2026 mantiene en alerta a los productores de América Latina, que ya comenzaron a evaluar estrategias para enfrentar un escenario con lluvias irregulares, sequías más prolongadas y una mayor presión sobre la disponibilidad de agua. En un contexto de creciente variabilidad climática, la eficiencia en el manejo del riego aparece como una de las principales herramientas para reducir riesgos y sostener la productividad.
Los organismos meteorológicos vienen advirtiendo sobre un aumento en las probabilidades de que este fenómeno climático gane intensidad durante los próximos meses. Si bien sus efectos varían según la región, la combinación de precipitaciones desiguales y temperaturas elevadas puede comprometer el desarrollo de los cultivos y aumentar los costos de producción.
Aunque el comportamiento del clima escapa al control de los agricultores, la forma en que se administra el agua disponible puede marcar una diferencia importante en el rendimiento de la campaña. Una planificación adecuada permite reducir pérdidas, optimizar recursos y responder con mayor rapidez cuando comienzan las restricciones hídricas.
El uso eficiente del agua será uno de los principales desafíos de la próxima campaña
La agricultura concentra una parte significativa del consumo mundial de agua dulce y, frente a escenarios de escasez, la prioridad deja de ser únicamente disponer del recurso y pasa a ser utilizarlo con la mayor eficiencia posible.
La correcta distribución del agua sobre el cultivo, el funcionamiento adecuado de los equipos de riego y una programación basada en las necesidades reales de cada lote permiten disminuir pérdidas por escorrentía o sobreaplicación, además de favorecer un crecimiento más uniforme de las plantas.
La incorporación de tecnologías para monitorear la humedad del suelo, junto con información meteorológica y sistemas automatizados de control, también ofrece mejores herramientas para decidir cuándo y cuánto regar, evitando aplicaciones innecesarias y optimizando el uso de energía.
Entre las principales acciones que especialistas en manejo del riego consideran prioritarias para prepararse frente a un posible episodio de El Niño se destacan:
Evaluar el estado y desempeño del sistema de riego, verificando presión, uniformidad de aplicación y posibles pérdidas de eficiencia.
Lograr una distribución homogénea del agua para evitar sectores con déficit o exceso de humedad dentro del mismo lote.
Incorporar herramientas de monitoreo, como sensores de humedad del suelo, estaciones meteorológicas y sistemas de automatización que permitan ajustar cada riego a las necesidades del cultivo.
Realizar mejoras antes de que aparezcan las restricciones hídricas, aprovechando el tiempo previo para optimizar la infraestructura y la planificación.
La anticipación puede marcar la diferencia frente a un año climático complejo
Cada nuevo episodio de El Niño obliga al sector agropecuario a replantear sus estrategias de manejo. La inversión en infraestructura de riego, el mantenimiento preventivo de los equipos y la adopción de tecnologías de monitoreo adquieren mayor relevancia cuando las precipitaciones dejan de ser previsibles.
Además de contribuir a sostener los rendimientos, una gestión más eficiente del agua ayuda a reducir costos operativos, mejorar la aplicación de fertilizantes mediante fertirrigación y disminuir el consumo energético, aspectos que cobran mayor importancia en campañas con márgenes cada vez más ajustados.
Los especialistas coinciden en que la resiliencia del sistema productivo dependerá, en gran medida, de la capacidad de anticiparse a los escenarios climáticos. Preparar los sistemas de riego antes de que el agua escasee permitirá afrontar la campaña con mayor flexibilidad y aprovechar mejor un recurso que se vuelve cada vez más estratégico para la agricultura latinoamericana.
En un escenario donde la incertidumbre climática será una constante, los productores que logren administrar cada gota con mayor precisión estarán en mejores condiciones de proteger sus cultivos, sostener la productividad y reducir el impacto económico que puede generar un nuevo evento de El Niño.
Fuente: Agro Latam
