Los expertos coinciden en que uno de los principales desafíos es la falta de tecnología para separar y procesar estos elementos.
Bolivia posee al menos siete variedades de tierras raras, principalmente del grupo de los lantánidos ligeros; sin embargo, el país aún está lejos de convertir este potencial en una actividad productiva sostenible, según especialistas en geología y minería
Estos elementos, considerados estratégicos a nivel mundial, se encuentran distribuidos en diferentes formaciones geológicas del país, especialmente en el oriente boliviano, pero su explotación comercial aún no es viable debido a limitaciones tecnológicas, económicas y ambientales.
Expertos coinciden en que Bolivia se encuentra todavía en una fase de identificación y exploración básica, sin una cuantificación económica definitiva de reservas.
El geólogo Enrique Aguilera, miembro del Colegio de Geólogos de Santa Cruz, explicó a La Razón que los principales elementos identificados en territorio nacional son lantano, cerio, neodimio y samario, todos fundamentales para la fabricación de tecnologías modernas como imanes de alta potencia, baterías, turbinas eólicas y dispositivos electrónicos.
Estos elementos, según informó, se encuentran principalmente en el Cerro Manomó, —del departamento de Santa Cruz— una formación geológica ubicada en el precámbrico boliviano que ha sido estudiada desde la década de 1970.
“Se trata de una ferrocarbonatita, el tipo de yacimiento más importante a nivel mundial para tierras raras. Tiene concentraciones significativas, comparables con depósitos africanos y brasileños”, afirmó Aguilera, quien participó en estudios del proyecto precámbrico desarrollado entre Bolivia y el Reino Unido.
Según el experto, el cerro presenta una compleja distribución interna de minerales, con zonas enriquecidas en distintos elementos, incluyendo áreas con presencia de uranio localizada y otras dominadas por torio y fosfato.
Indicó que los principales minerales de tierras raras están en el Cerro Manomó y en Brasil como la monacita —oxido de fosfato, de cerio, lantano, neodimio y torio— que de acuerdo a los procesos de separación se puede obtener casi el 70% de tierras raras, aunque aclaró que se debe tener en cuenta que no son tierras sino “óxidos”.
Mencionó que en Bolivia se tiene mayor presencia de tierras raras ligeras con un peso atómico de 57 a 63, y ahí se tiene el lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometeo, samario y europeo.
“Eso es lo que tenemos en Bolivia, por la característica Esas tierras raras ligeras se encuentran en las cabonatitas como en el cerro Manomó”, dijo.
Las tierras raras, conformado por un grupo de 17 elementos químicos, según los especialistas son esenciales en la economía moderna, debido a que se utilizan en la fabricación de autos eléctricos, teléfonos móviles, pantallas LED, sistemas de energía renovable y tecnología militar.
El experto en minería Héctor Córdova explicó que estos elementos han pasado de ser poco conocidos a convertirse en insumos críticos para la transición energética y digital.
“El neodimio, por ejemplo, es fundamental para los imanes ultra potentes usados en motores eléctricos. Sin estos materiales, gran parte de la tecnología actual no sería posible”, sostuvo.
No obstante, aclaró que el valor económico no radica en la extracción del mineral en bruto, sino en su procesamiento, una etapa en el que el presenta limitaciones.
Indicó que pese a conocer la existencia de estos minerales en distintas regiones del país, tanto en el oriente como en el occidente, aún no existe una cuantificación precisa de reservas.
El presidente del Colegio de Geólogos de Bolivia, Carlos Jonny Thompson Camacho, explicó que la información disponible proviene principalmente de análisis multielementales realizados en exploraciones de otros minerales.
“Sabemos que hay tierras raras porque aparecen en los estudios, pero no están concentradas ni evaluadas económicamente. No se ha llegado a determinar si son explotables”, indicó.
Dijo que esto implica que Bolivia todavía se encuentra en una fase inicial de prospección, lejos de una explotación industrial.
Proceso
Los expertos coincidieron en que uno de los principales desafíos es la falta de tecnología para separar y procesar estos elementos, puesto que, a diferencia de minerales tradicionales, las tierras raras requieren procesos complejos, intensivos en químicos y altamente especializados.
“Lo más difícil de la minería de tierras raras, hay un axioma que dice, extraer el mineral es facial, pero separar el óxido es difícil”, indicó Aguilera.
Señaló que en el caso del Cerro Manomó una vez extraído el material, este debe pasar a una trituración y molienda, y recién debe pasar por separación a través de procesos químicos,
Reiteró que este proceso es muy complejo, debido a que se usa “muchos” elementos químicos, así como agua. “Para obtener un kilo de itrio, se necesita casi 30.000 libros de agua y, como se hacía en China, la vierten y eso puede contaminar el medioambiente”, mencionó.
El experto en geología indicó que para el proceso de flotación de tierras raras se debe tener mucho cuidado porque puede dañar el medio ambiente, por lo que, en su criterio, los pueblos tienen toda la “razón” en exigir la máxima seguridad ambiental.
concentrando la mayor parte de la cadena de valor.
Mencionó que “prácticamente” China tiene la tecnología para hace este procesamiento; sin embargo, dijo que uno de los problemas que se tiene cuando se procesa este tipo de materiales es que contienen residuos radiactivos.
Indicó que algunos países optaron por no procesar el mineral en su territorio y más bien enviarlo hacia China, por lo que, según dijo, el país asiático se convirtió en caí el único país con capacidad de procesar esos elementos.
“Muchos países extraen el mineral, pero lo envían a China para su procesamiento. Ahí está el verdadero negocio”, explicó Córdova.
Añadió que en Bolivia es muy complicado que se pueda avanzar en su procesamiento que, según mencionó, es donde más se gana.
Enfatizó que obtener el material en bruto no daría mucha utilidad, aunque, explicó que si da una importancia geopolítica porque estos materiales se han convertido en materiales muy demandados y en algunos casos críticos.
A ello, Córdova acotó que “para obtener pequeñas cantidades de estos elementos, se debe remover gran volumen de material. El impacto ambiental es considerable”.
Aguilera dijo además que las tierras raras no son como otros minerales, porque existen en pequeñas proporciones y su explotación provoca un fuerte impacto ambiental, ya que para extraer pequeñas cantidades se debe remover una gran cantidad de material. Además, su aislamiento y uso industrial de calidad no es un proceso sencillo. En el caso del Cerro Manomó, según el experto, comunidades indígenas han manifestado su interés en preservar la zona como reserva natural, debido a su valor ecológico y su rol como fuente de vida.
Desarrollo
El geólogo señaló que el desarrollo de proyectos de tierras raras no es inmediato, debido a que desde el periodo de la exploración hasta la producción pueden pasar entre 15 y 20 años.
Explicó que este proceso incluye estudios geológicos, perforación, evaluación de reservas, obtención de financiamiento, licencias ambientales y construcción de infraestructura. Además, resaltó que se requieren inversiones millonarias que difícilmente pueden ser asumidas únicamente por el Estado.
“Por ejemplo en Brasil, como factor de inversión en el proyecto Carina se está usando 600 millones de dólares en la parte exploración. En el caso de Chile está esperando la autorización de impacto ambiental”, mencionó Aguilera.
Fuente: La Razón
