La nueva etapa se tradujo con la incorporación de Bolivia a la reunión del Grupo de Trabajo N.º 5 (GT-5) “Políticas Públicas en Biotecnología” del CAS.
Después de un periodo de ausencia en los espacios técnicos internacionales, Bolivia retomó su participación presencial en la agenda regional de biotecnología agrícola.
La nueva etapa se tradujo con su incorporación a la reunión del Grupo de Trabajo N.º 5 (GT-5) “Políticas Públicas en Biotecnología” del Consejo Agropecuario del Sur (CAS), que se realizó del 30 de septiembre al 2 de octubre en Montevideo, Uruguay.
La delegación boliviana estuvo encabezada por el Viceministerio de Desarrollo Agropecuario y Agroforestal, Karel Rivero, quien participó en las mesas técnicas junto con representantes y especialistas de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Ecuador y Uruguay; además de delegaciones observadoras y representantes del sector privado.
Durante el encuentro, los participantes analizaron el avance de las nuevas técnicas de mejoramiento genético, la edición de genoma, el desarrollo y promoción de bioinsumos y los marcos regulatorios que aplican los países de la región.
Biotecnología
El encuentro también permitió a Bolivia conocer experiencias de otros países y contrastar sus criterios regulatorios con las tendencias que actualmente marcan la agenda regional. En ese contexto, la participación nacional apunta a fortalecer las capacidades técnicas e institucionales para abordar el uso de nuevas herramientas biotecnológicas en el sector agropecuario.
«El retorno a estos espacios permite fortalecer capacidades, intercambiar experiencias y generar oportunidades de cooperación y transferencia tecnológica», señala el documento sobre la participación boliviana.
La presencia de Bolivia tuvo el respaldo logístico y especializado del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), que acompañó el desarrollo de las actividades técnicas.
Con su retorno, Bolivia busca recuperar presencia en las discusiones regionales sobre políticas públicas de biotecnología y abrir espacios de cooperación que contribuyan al desarrollo productivo sostenible, especialmente en un contexto en el que los países de la región avanzan en la evaluación y regulación de nuevas tecnologías aplicadas a la agricultura.
Fuente: La Razón
